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Vino rosado

Vino rosado
1. La elaboración del vino rosado

La elaboración de un rosado equilibrado es el resultado de un proceso delicado, en el que el dominio de las distintas fases de la producción resulta esencial para obtener un vino afrutado y aromático, pero sin taninos. Es precisamente este equilibrio el que explica hoy en día el éxito de los vinos rosados, cuya elaboración se remonta a antes que la de los vinos blancos o tintos. La selección por parcelas es uno de los factores clave para el éxito de un vino rosado de denominación de origen.

Cuando la vendimia llega a la bodega, se despalillan los granos de uva, es decir, se separan del racimo. A continuación, se pisotean, es decir, se aplastan ligeramente para que salga el mosto.

En ese momento hay dos opciones posibles: la maceración (o sangrado) y el prensado directo, siendo esta última técnica cada vez más utilizada para los rosados modernos.

Para la maceración, el mosto obtenido tras el pisado y el despalillado —es decir, una mezcla de elementos sólidos y líquidos— se introduce en una cuba. El tiempo de maceración dura solo unas horas a baja temperatura. De hecho, es el control de este periodo de maceración lo que permite obtener un vino con carácter, sin adquirir los taninos que caracterizan al vino tinto, procedentes de las mismas variedades de uva. Los pigmentos presentes en la piel de la uva conferirán al mosto su tono rosado. A continuación, el mosto se recupera mediante prensado o mediante el uso de las denominadas cubas técnicas, que permiten una importante extracción de la parte líquida del mosto. Los vinos rosados obtenidos mediante maceración presentan un color intenso.

El prensado directo se adapta mejor, en la actualidad, a los gustos de los consumidores, que prefieren vinos de color más claro y con un sabor más vivo en boca. Consiste en llevar los racimos que llegan a la bodega directamente a la prensa tras haberlos despalillado.

El mosto obtenido, ya sea mediante prensado directo o tras una maceración breve, pasará a una cuba de desfangado para su clarificación. Las partículas contenidas en el mosto se depositan en el fondo de la cuba y este «sedimento» se separa del mosto. A continuación, pasará a la fase de fermentación alcohólica. A esto le sigue un periodo relativamente corto de crianza, durante el cual el vino clarificado y estabilizado se someterá a una serie de operaciones destinadas a consolidar sus cualidades.

2. El vino tinto y el vino blanco no dan como resultado un vino rosado

La idea preconcebida de que el vino rosado se obtiene mezclando vino tinto y vino blanco ha sido, afortunadamente, descartada hoy en día por la gran mayoría de los consumidores. Sin embargo, bajo la presión de algunos industriales, la Unión Europea había aprobado un proyecto de reglamento que autorizaba denominar «vino rosado» a dichas mezclas, tal y como se hace en Sudáfrica o en Australia. La mayoría de los viticultores europeos afectados se opusieron con firmeza a dicha solución con el fin de preservar la calidad y la reputación de un vino cuya calidad se han esforzado por mejorar durante más de diez años. Está claro que los «rosados» así obtenidos no son más que productos de baja calidad que permiten dar salida a una mala producción gracias a esta presentación más festiva del vino. Hoy en día, esa normativa ya no está vigente.

No obstante, cabe destacar que la principal excepción a esta prohibición de mezcla se refiere al vino de Champaña. De hecho, es posible mezclar Chardonnay con Pinot Noir o Pinot Meunier para obtener Champaña rosada. Sin embargo, la mezcla así obtenida pasa por una nueva fase de fermentación específica de la Champaña, por lo que la Champaña rosada no constituye una simple mezcla de productos acabados, sino un vino con un proceso de elaboración específico.

3. Variedades de uva, regiones y vinos rosados famosos

Las variedades de uva para los vinos rosados son las mismas que las utilizadas para el vino tinto. Se ha comprobado que el color rosado del vino no proviene de un tipo concreto de racimo, sino de su elaboración en las bodegas. Sin embargo, en la gran región del vino rosado, la Provenza, se utilizan sobre todo las variedades Tibouren, Carignan, Garnacha negra, Cinsault, Syrah o Mourvèdre.

Tres cuartas partes de la producción francesa de vinos rosados se concentran en la región de Provenza, sobre todo en denominaciones emblemáticas como Bandol o los Coteaux d'Aix-en-Provence. Algunas bodegas contribuyen especialmente al prestigio de esta región, como el Château d'Esclans, el Château Pibarnon, el Domaine d'Ott o el Château Bellet.

Córcega también ofrece vinos rosados de gran calidad. Aunque menos conocidas por este tipo de vinos, otras grandes regiones vinícolas francesas ofrecen vinos rosados con denominación de origen de una calidad extraordinaria. Es el caso de la región de Burdeos, del Valle del Loira —con el Anjou— o del Valle del Ródano —con el Tavel—.

4. El vino rosado y sus maridajes

El vino rosado es un vino que suele asociarse a las celebraciones y que se puede tomar fresco como aperitivo o para acompañar entrantes fríos o calientes. También combina bien con el plato principal de la comida o con las parrilladas. Sin embargo, algunos rosados más complejos pueden maridarse con pescados como el salmonete o con platos más elaborados.

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